EL CASTIGO NO EDUCA
El mejor modo de reducir y/o extinguir los problemas de conducta consiste en proporcionar un abundante refuerzo positivo sobre el comportamiento adecuado. El castigo cuyas consecuencias son desagradables puede detener el comportamiento, pero a menudo tiene efectos indeseables. Un niño cuya conducta es castigada puede reaccionar emocionalmente, devolver el golpe o evitar a la persona que lo ha castigado emulando el mal ejemplo del adulto.
En vez de castigar el comportamiento inadecuado se debe focalizar la atención en todas aquellas conductas adecuadas que exhibe el niño, es decir, tratar de pillar a tu hijo siendo bueno. Dile que aprecias lo que hace y haz eso de manera frecuente y consistente. Al mismo tiempo evita que el mal comportamiento le permita eludir las tareas o le sirva para obtener atención.
Si quieres que tu hijo/a sea cariñoso, te respete y sea disciplinado, no uses el castigo. Con los niños pequeños, utiliza la diversión, estructura, límites y retirada de atención. Con niños mayores establece expectativas y explica cuál será la recompensa o consecuencias. El castigo supone una conducta agresiva por parte de un adulto, la misma conducta que rechazamos en los niños. Engendra resentimiento y a menudo da lugar a una mayor violencia o abuso grave.
¿Cómo puedes enseñar a tu hijo a hacer lo correcto, a ser un ser humano compasivo que entiende tanto sus propias necesidades como las de los demás? Una buena estrategia en la educación de los hijos implica técnicas de disciplinas no violentas y apropiadas a la edad de los niños. Creo que los padres deben ser modelos positivos y enseñar a sus hijos las consecuencias negativas del comportamiento adverso mediante el uso de incentivos, tiempo fuera y estableciendo límites firmes y racionales. Como tales, haremos bien como padres si practicamos métodos menos violentos de disciplina que promuevan un desarrollo sano de nuestros hijos.
